
Hay una frase que muchas mujeres repiten con naturalidad, casi sin pensarla, como si fuera parte de su identidad:
?Yo me encargo!?
Es una frase que suena fuerte, resolutiva, capaz, confiable. Una frase que sostiene familias, equipos, proyectos, amistades, empresas. Una frase que, desde afuera, parece admirable? pero que, desde adentro, puede transformarse en una prisin emocional.
Porque detrs del ?yo me encargo? vive una mujer cansada.
Una mujer que lleva demasiado tiempo sosteniendo.
Una mujer que aprendi a anticiparse a las necesidades de otros mientras ignora las suyas.
Una mujer que est siempre disponible, incluso cuando ya no tiene energa.
Una mujer que no quiere fallar a nadie, pero que sin darse cuenta se falla a s misma.
?Yo me encargo!? no nace del poder.
La mayora de las veces, nace del miedo.
Por qu tantas mujeres sienten que deben encargarse de todo?
Porque desde nias recibieron mensajes explcitos o sutiles que moldearon su forma de relacionarse:
Y como en la infancia el amor suele ser condicional, muchas mujeres aprendieron que ser valiosas significaba ser indispensables. Que mostrar fortaleza era la forma de no ser abandonadas. Que hacerse cargo era la manera de garantizar el afecto, la paz o la estabilidad del entorno.
As se crea un modelo emocional donde la mujer se convierte en el pilar emocional de todos? menos de s misma.
El costo invisible del ?yo me encargo?
Desde afuera, se ve admirable.
Desde adentro, desgasta profundamente.
Este patrn deja huellas emocionales:
Y lo ms doloroso:
la sensacin de que nadie se encarga de ti.
Qu hay detrs de esta necesidad de hacerse cargo?
Hay historias.
Hay heridas.
Hay aprendizajes.
Muchas mujeres crecieron en entornos donde alguien deba sostener emocionalmente a la familia, y ellas ocuparon ese rol sin que nadie se los pidiera directamente. Otras aprendieron que mostrar vulnerabilidad era peligroso. Otras sintieron que su bienestar dependa del bienestar de todos los dems.
Por eso, aunque hoy sean adultas autnomas, profesionales exitosas o mujeres con vidas construidas, su cuerpo sigue respondiendo a un mandato antiguo:
?Si yo no lo hago, nadie lo har.?
Pero esta creencia rara vez es verdadera.
Es una emocin antigua que no ha sido actualizada.
Cmo se empieza a transformar este patrn?
No dejando de hacer.
Sino aprendiendo a hacer desde otro lugar.
Aqu hay pasos fundamentales del proceso:
1. Cuestiona la creencia de que tu valor depende de tu utilidad
Tu valor no est en lo que resuelves.
Tu valor est en lo que eres.
Cuando una mujer empieza a separar ambas cosas, su vida emocional cambia radicalmente.
2. Observa tu impulso a anticiparte
La pregunta no es: ?puedo hacerlo yo??
La pregunta es:
?tiene que hacerlo yo??
La diferencia es enorme.
3. Permtete delegar sin culpa
Delegar no te hace menos capaz.
Delegar te hace ms humana.
Y las relaciones ms sanas ?laborales, familiares, amorosas? se construyen desde la reciprocidad, no desde la autosuficiencia extrema.
4. Reconoce tus necesidades sin vergenza
T tambin necesitas descanso, apoyo, contencin, ternura, ayuda, silencio, espacio.
No eres menos fuerte por necesitar.
Eres ms autntica.
5. Aprende a decir ?no puedo ahora?
Decir ?no? no rompe el mundo.
Rompe, ms bien, el patrn que te hace creer que eres la nica sosteniendo el mundo.
6. Reemplaza el ?yo me encargo? por preguntas ms reales
Cuando una mujer empieza a preguntarse esto, su vida se reorganiza desde un lugar ms sano.

Cuando una mujer deja de encargarse de todo, ocurre algo hermoso
La carga se reparte.
El cuerpo se relaja.
La mente respira.
El corazn se siente acompaado.
Los vnculos se hacen ms autnticos.
Ella empieza a ocuparse de s misma.
Y entonces descubre que la frase ms liberadora no es ?yo me encargo??
Es:
?No tengo que hacerlo todo sola.?