
Hay un cansancio particular que muchas mujeres conocen muy bien: ese cansancio silencioso, profundo, que no se nota en el cuerpo, pero que pesa en el alma. Es el cansancio de sentir que todo depende de una. Que si una se detiene, algo se rompe. Que si una descansa, el mundo se desordena. Que si una falla, las consecuencias sern demasiado grandes.
Es una carga que no siempre se dice en voz alta, pero que se arrastra por dentro.
Una carga que puede vestir muchas formas: la mujer que sostiene su hogar, la que cuida a todos, la que nunca quiere ser ?una carga?, la que no pide ayuda, la que se hace la fuerte, la que ?puede con todo?, la que no se permite quebrarse porque su rol parece no incluir fragilidad.
Pero detrs de ese impulso a hacerlo todo sola, suele haber algo ms profundo:
la vergenza.
La vergenza de no cumplir con las expectativas aprendidas.
La vergenza de no ser ?suficientemente buena?.
La vergenza de no poder con todo.
La vergenza de fallar.
Y para muchas mujeres, fallar no parece una opcin.
De dnde nace esta presin?
No surge en la adultez. Se teje mucho antes, en la infancia, en la cultura, en los mensajes invisibles que una nia escucha sin que nadie los pronuncie directamente. Mensajes como:
Y aunque la vida cambia, esos mandatos emocionales quedan grabados como ecos internos que guan la conducta adulta. Por eso, incluso cuando una mujer ya no est obligada a cargar con todo? lo sigue haciendo. Porque as aprendi a sentirse segura. Porque as aprendi a ser aceptada. Porque as aprendi a merecer amor.
La vergenza como freno silencioso
La vergenza no es una emocin ruidosa; es una emocin que esconde.
No se expresa, se retrae.
No pide ayuda, se asla.
No muestra vulnerabilidad, se endurece.
Cuando una mujer siente que su valor est atado a lo que hace ?y no a quin es?, fracasar se convierte en una amenaza emocional:
?Si no puedo con todo, qu dice eso de m??
?Si pido ayuda, van a pensar que soy dbil??
?Si no soy suficiente, me van a dejar de querer??
Esta vergenza opera como un freno invisible en la vida emocional: impide delegar, impide descansar, impide mostrarse humana. Impide, incluso, recibir amor genuino, porque la mujer siente que solo merece afecto si cumple, si sostiene, si rinde, si nunca cae.
La culpa tambin aparece
La culpa se mezcla con la vergenza: culpa por descansar, por decir que no, por priorizarse, por no ser ?perfecta?. Y esa culpa empuja a seguir haciendo, haciendo, haciendo? aunque por dentro la mujer est exhausta.
Entonces, cmo empezar a soltar esta carga?
El camino no comienza haciendo menos.
Comienza sintindote merecedora por ser t, no por lo que haces.
Aqu algunos pasos emocionales poderosos:
1. Reconoce que la fortaleza que te ensearon no es la misma que necesitas hoy
Mucha de la fortaleza que cargan las mujeres no nace de la confianza, sino del miedo.
Del miedo a fallar, a ser juzgada, a no ser suficiente.
La verdadera fortaleza es diferente:
no se trata de resistir, sino de permitirse descanso, apoyo, vulnerabilidad.
2. Atrvete a decir ?no puedo sola?
No es un signo de debilidad.
Es un acto de coraje emocional.
Decir ?necesito ayuda? es reescribir un guion interno que antes deca:
?Mi valor est en cargarlo todo.?
3. Permtete sentir sin juzgarte
A veces, detrs de la exigencia est el duelo por lo que nunca pudiste tener: una infancia en la que te cuidaran como t cuidas a otros hoy.
Sentir esa herida no te rompe.
Te libera.
4. Haz espacio para tu humanidad
No todo tiene que estar resuelto.
No todo tiene que estar perfecto.
No todo depende de ti.
El mundo no se sostiene porque t no caes.
Se sostiene porque eres humana, y aun as sigues adelante.
5. Reconoce tu valor ms all del rendimiento
Tu valor no se mide por lo que produces, organizas, sostienes o solucionas.
Tu valor est en tu presencia, tu sensibilidad, tu historia, tu capacidad de amar.

Cuando una mujer deja de exigirse hacerlo todo sola, ocurre algo profundo
Su vida se vuelve ms liviana.
Su cuerpo se relaja.
Sus vnculos se profundizan.
Su miedo disminuye.
Su vergenza pierde poder.
Y, por primera vez, puede sentir que no est aqu para cargar el mundo? sino para vivir dentro de l.